Ministerio de Cultura - Gobierno de España
SALA SINFÓNICA
 
De los fastos por la coronación de un dogo veneciano a finales del siglo XVI a la ópera italiana de Haendel y la gran Pasión bachiana, los siete conciertos que componen este año el Universo Barroco en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional parecen compadecerse sólo con las obras maestras y los intérpretes más destacados del momento, reivindicando a la vez la mezcla de lo sagrado con lo profano en un mapa de esplendores que recorre el Barroco de principio a fin.
Aunque será el último concierto del ciclo, por cronología histórica es el primero: la misa de coronación de Marino Grimani como dogo de Venecia en 1595 fue reconstruida musicalmente por Paul McCreesh hace más de un cuarto de siglo, con tal éxito que ha sido registrada dos veces en disco y sigue plenamente vigente, así al menos lo demuestra su frecuente programación en festivales de medio mundo. La música de Andrea y Giovanni Gabrieli y de algunos de sus contemporáneos ayuda a entender el paso de la polifonía puramente renacentista al nuevo universo barroco, con sus fastuosas estructuras policorales y su cada vez más acuciante retórica. El siguiente paso sería de genio: lo dio Claudio Monteverdi, quien con su Selva morale e spirituale hacía resumen de su paso de tres décadas por la maestría de capilla de San Marcos de Venecia. Esta monumental recopilación de música litúrgica y espiritual presenta la variedad de formas, géneros y estilos que siguieron justamente al trabajo de los Gabrieli en el mismo espacio: salmos policorales, himnos concertados, pequeños motetes para voz sola y hasta una misa a cappella se elaboran con una infinidad de recursos vocales e instrumentales que incluyen el empleo del eco y la floración de un nuevo virtuosismo vocal que mira ya al bel canto. La Selva es perfecto resumen de una época que transformó por completo el panorama musical europeo. Que hasta Madrid la traiga un conjunto alemán histórico bajo la batuta del granadino Pablo Heras-Casado, director flexible donde los haya, es otro aliciente más para no perderse la cita, que conmemora el 450 aniversario del nacimiento del genial compositor italiano.
El salto al siempre estimulante universo de Bach y Haendel trae algunas obras capitales y muy populares. Los Conciertos de Brandemburgo están por ejemplo en la memoria iniciática de cualquier melómano medio. Que los ofrezca un bachiano inagotable como Ton Koopman es garantía de fidelidad y gozo. La Pasión según San Mateo es una de esas obras monumentales que engrandecen a toda la Humanidad, y en las últimas décadas seguramente nadie como Philippe Herreweghe ha sabido penetrar con más intención retórica y expresiva en sus entresijos y sus matices emotivos. Haendel fue la cara más distendida y popular de ese teatro que en el fondo esconden las pasiones-oratorios de Bach. Por fin difundidas como se merecen, sus óperas se han hecho ya habituales en teatros y festivales de todo el mundo. Tamerlano, concebida y estrenada en 1724, en sus años triunfales de la Real Academia de Música de Londres, representan la más pura expresión del canto italiano de toda una época. El vigor de una batuta joven y ya bien conocedora del género como la del ruso Maxim Emelyanychev y un elenco espectacular, que encabezan dos de los grandes contratenores del momento (Xavier Sabata y Max Emanuel Cencic) e incluye a un tenor auténticamente histórico (John Mark Ainsley) en el papel más desarrollado para esta tesitura vocal que jamás concibiera Haendel en una de sus óperas, prometen emociones no menos intensas que las del relato evangélico bachiano.
El relato de la Pasión de Cristo lleva dos mil años moviendo a los artistas, que a menudo han enfatizado sus perfiles más patéticos, como en ese poema dedicado a la madre transida de dolor junto a la Cruz, ese Stabat Mater que ha conocido decenas de versiones musicales, entre las cuales la de Pergolesi ha alcanzado una fama que no parece agotarse. La renovará Ottavio Dantone junto a voces bien reconocidas del universo italiano. Y como un resumen simbólico de todo el ciclo puede presentarse el recital de otro gran contratenor, el norteamericano Bejun Mehta con el acompañamiento del ensemble La Nuova Musica, un concierto que va de lo sacro a lo profano, de lo instrumental a lo vocal, que se para en cantatas italianas, arcádicas, de Haendel para moverse al conmovedor universo de la cantata sacra bachiana, cobrar vigor en el dramático oratorio inglés de Haendel y desangrarse de puro patetismo en un conmovedor lamento de un antepasado de Bach. Será una mezcla de teatro, emoción y virtud. Como el ciclo entero, como el Barroco, como el mundo.
 

SALA DE CÁMARA

La docena de conciertos que el ciclo Universo Barroco presentará en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional puede dividirse mitad por mitad entre los protagonizados por conjuntos españoles, que atienden en todos los casos a repertorios autóctonos, y los que tienen por protagonistas a solistas y conjuntos internacionales, que hacen música del resto de Europa.
Del lado de acá, el principal protagonista es Sebastián Durón, un compositor natural de Brihuega (Guadalajara), que después de ejercer como organista en distintas catedrales españolas (de la de Sevilla a la de Burgo de Osma) acabó ocupando los más altos puestos en la Real Capilla con Carlos II (organista, desde 1691) y con Felipe V (maestro de capilla, desde 1701), aunque los disturbios de la Guerra de Sucesión y su apoyo al Archiduque Carlos lo obligaron a abandonar su puesto en 1706 y a exiliarse en Francia, donde acabaría muriendo en 1716, hace justo 300 años. La efeméride estará presente en tres de las citas del ciclo: la Accademia del Piacere de Fahmi Alqhai con la soprano Nuria Rial de solista se pasea por cantadas y música teatral; la Harmonia del Parnàs de Marian Rosa Montagut conecta su música escénica con la de otros protagonistas del entorno de la corte madrileña durante el siglo XVIII; La Grande Chapelle de Albert Recasens ofrece también un concierto con quince obras de Durón, de las que siete de ellas son de recuperación histórica.
Si muchas de las piezas que podrán escucharse de Durón son recuperaciones en época moderna, el oratorio dedicado a Santa Bárbara por José Lidón en 1775 que interpretará la Acadèmia 1750 dirigida por Aarón Zapico supone el rescate de una gran obra completa, que el compositor salmantino, que fue maestro también de la Capilla Real, aunque ya en el siglo XIX, compuso mientras trabajaba adscrito al Real Colegio de Niños Cantores. Más rescate patrimonial en el concierto de la Orquesta Barroca de Sevilla dirigida por Enrico Onofri, aunque esta vez alejado de la corte, pues el programa mostrará básicamente composiciones de músicos que trabajaron en la Colegiata de Olivares (Sevilla), entre los cuales destaca la figura de Juan Pascual Valdivia. Finalmente, Jordi Savall y su Hespèrion XXI glosarán melodías y ritmos del Nuevo y el Viejo Mundo en un paseo que encuentra su especial singularidad en un manuscrito bostoniano de 1883 que ha preservado algunas músicas de tradición celta.
De la parte de allá, hay también un recuerdo a una importante celebración centenaria, la de William Shakespeare, con un programa que hará Robert King y su célebre conjunto, que centrarán buena parte del homenaje en la figura imprescindible de Henry Purcell y una de sus obras más conocidas, La reina de las hadas, semiópera inspirada en El sueño de una noche de verano shakespeariano. También habrá música del siglo XVII en el concierto del Collegium Vocale de Gante de Philippe Herreweghe, que plantea el encuentro con el Israelisbrünlein de Johann Hermann Schein, una imponente colección de madrigales espirituales escritos en el nuevo estilo italiano alumbrado a principios del Seicento. El otro gran recital coral de este bloque será el que ofrezca Harry Christophers al frente de su grupo The Sixteen, recorriendo los sonidos que llenaron la Capilla Sixtina desde los tiempos de Palestrina a los de Allegri, con una especial dedicación al poco frecuentado Felice Anerio e incluso un descanso profano y sensualísimo de la mano del gran maestro del madrigal romano de finales del XVI, Luca Marenzio.
Grandes obras instrumentales llenan los programas de los otros tres conciertos. En primer lugar, cabe destacar el recital clavecinístico de Ton Koopman, que se paseará por la Europa de los siglos XVI a XVIII, de William Byrd a Hector Fiocco, de Sweelinck a Bach, de Bruna a Duphly, con especial atención al refinado universo del clave francés. El imprescindible monográfico Bach está dedicado esta vez a uno de sus grandes monumentos contrapuntísticos, el de la Ofrenda musical, que pondrán en pie cuatro grandes solistas europeos, entre ellos la violinista española Lina Tur Bonet. Finalmente, y como gozoso fin de fiesta, la luz, la vitalidad, el brillo y el vigor inconfundibles de una selección de conciertos del veneciano Antonio Vivaldi, que llegarán de la mano de uno de sus mayores recreadores contemporáneos, Fabio Biondi y su Europa Galante.
Pablo J. Vayón