Ministerio de Cultura - Gobierno de España
UN PEREGRINAJE MUSICAL EN LA EUROPA DE CARLOS V
El camino de Flandes
 
Tomando el título del famoso libro de Geoffrey Parker El ejército español y el camino de Flandes, este programa presenta el itinerario de los tercios españoles durante la Guerra de los 80 años (1568-1648), entendido, no como un recorrido militar, sino como un periplo por algunos de los centros artísticos y culturales más notables de la Europa de los siglos XVI y XVII. Una Europa enfrentada por las religiones, cuyas músicas, símbolos de inestimable valor de sus credos, golpeaban los muros de sus iglesias y catedrales. Estos mercenarios al servicio de una idea imperial, abstracta y aún algo caballeresca, no dejaban de ser peregrinos en busca de una redención, aunque esta fuera más terrenal que espiritual.
 
Desde el momento en que se produce la sublevación, el traslado de tropas a Flandes hubo de ir renunciando progresivamente a realizarse por vía marítima, debido a las insalvables dificultades que presentaba el trayecto, plagado de corsarios y piratas hugonotes, amén de la flota inglesa que defendía los puertos holandeses, limitaciones confi rmadas dolorosamente con la derrota de la Armada invencible en 1588. La alternativa fue entonces la ruta terrestre que tuvo varios brazos, varios recorridos. Nuestro viaje musical siguiendo sus pasos nace en el mismo corazón del Imperio. La música escogida no es otra que la compuesta y publicada por Tomás Luis de Victoria en Madrid (capital desde 1561) para las Exequias de la Emperatriz María de Austria en 1603. Por su parte, Milán, capital del Milanesado y una de las joyas del Imperio Español, en cuyas capillas se escuchaba la música del gran Palestrina, era el primer gran centro de reunión de los tercios, punto de partida hacia el Norte. El camino principal ascendía por Saboya hasta el Franco-Condado, y de ahí a Lorena para llegar a Luxemburgo y finalmente Bruselas.
 
Este proyecto, que surge en coproducción entre el CNDM y el Instituto Cervantes, ha querido así recoger los puntos principales de aquel itinerario, considerando naturalmente, además de las oportunas ciudades de Milán, Luxemburgo y Bruselas, otras próximas en distancia y significado, por la ubicación de las sedes actuales del Instituto. Así se suman Lyon, que representaría el paso de los tercios por los territorios franceses, y Frankfurt, ciudad de no poca relevancia en la historia que nos ocupa, ya que en ella, tal y como quedó establecido en la Bula de Oro desde 1356, los Príncipes Electores alemanes designaron el 28 de junio de 1519, a Carlos I de España como nuevo Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Raúl Mallavibarrena

EL CUARTETO DE CUERDAS EN ESPAÑA

Si hemos de creer los manuales de Historia de la Música, parecería que el cuarteto de cuerda fue un género casi inexistente en España. Con la excepción de Arriaga, a quien su muerte temprana le otorgó un halo de misterio y reconocimiento póstumo, la visión instaurada entre los afi cionados a la música invitaba a pensar que un género de tan prestigiosa ascendencia no había tenido eco en tierras hispanas. Esta visión, sin embargo, está cambiando de forma drástica en tiempos recientes, gracias al efecto combinado de investigación musicológica, edición de partituras y programación atrevida. De forma paulatina estamos descubriendo (y, lo que resulta más determinante, oyendo) la historia del cuarteto en España, desde las primeras obras compuestas a fi nales del XVIII hasta las últimas creaciones. Este repertorio empieza, al fin, a ocupar un lugar (aún discreto) dentro de la sala de conciertos.
 
En este proceso de recuperación del género, la política continuada de encargos que viene desarrollando el CNDM ha sido piedra angular y acicate eficaz para garantizar su futuro. La segunda edición del Proyecto Europa, en coproducción con el Instituto Cervantes, en esta ocasión acogido por su sede en Bucarest, presenta tres programas que mezclan tres generaciones de autores centrales en la evolución del género en España. La encarnada por Arriaga a comienzos del siglo XIX bajo la influencia omnipresente de Beethoven (como confirma el comienzo de su Cuarteto nº 3 con ecos del op. 18, nº 1 beethoveniano); la representada por Guridi y Usandizaga en la transición hacia el siglo XX con tintes nacionalistas; y la conformada por los compositores actuales en torno a la cincuentena, reflejo del crisol estilístico reinante a comienzos del siglo XXI.
 
En paralelo, como otro efecto de estos nuevos aires, el panorama concertístico se va progresivamente enriqueciendo con nuevas formaciones cuartetísticas de trayectorias variadas, entre las que los Cuartetos Casals, Bretón y Granados ocupan una posición principal. Estos cuartetos son la herramienta imprescindible para la definitiva integración de nuestra música en el ámbito de la cámara y, a la postre, para inducir una visión históricamente más informada que los futuros manuales tendrán irremediablemente que contar.
 
Miguel Ángel Marín