Ministerio de Cultura - Gobierno de España

AÑADAS DE EXCEPCIÓN

El ya tradicional Ciclo de Lied del Teatro de la Zarzuela, que en esta temporada cumple su vigésimo tercera singladura y que depende desde hace algún tiempo del CNDM, que lo mima con cuidado y lo construye con tino, se adorna de nuevo con un amplio grupo de voces de altura, que agrupan timbres, extensiones, caracteres y estilos de diversa índole y se reparten programas verdaderamente apetitosos, cargados de interés, por los que desfilan lieder y canciones del más diverso signo.

Como siempre, y nos repetimos año tras año, es Schubert el compositor más representado. Su ingente producción de lieder y su importancia como creador absoluto de la forma, así parecen aconsejarlo. Tenemos, por ejemplo, el primero de los tres grandes ciclos, La bella molinera, que nunca nos cansamos de escuchar y que va a ser interpretado por el tenor inglés Mark Padmore, servidor en 2012 de Viaje de invierno, del que hizo una versión introvertida y dolorida. Ahora podrá extasiarse con las peripecias, no tan sombrías, de ese caminante que recibe calabazas de la molinera. Su voz de tenor lírico- ligero y su arte sutil podrán brillar nuevamente. Roger Vignoles es el profesional pianista.

No lo es menos el que colabora con Violeta Urmana, Helmut Deutsch. En el recital que ambos proponen figura igualmente el compositor vienés, con algunos lieder sueltos de alta categoría: Suleika I, Der Zwerg, o Almacht. La segunda mitad del concierto está dedicada a Strauss, de quien se programan algunas canciones no muy conocidas: Lob des Leidens, Schön sind doch kalt, Wie sollten wir geheim sie halten, en los que la suntuosa voz de la cantante, que se mueve en la frontera que separa a las sopranos de la mezzos, podrá lucirse.

Strauss aparece bien recreado igualmente en el concierto del joven tenor suizo Mauro Peter (1987), nuevo en la plaza, de voz sanamente lírica y arte en formación, con dos cuadernos, los de la opus 21 y 22 del compositor bávaro. A su lado, el citado Deutsch, uno de sus mentores. No se arredra el cantante, que incluye también lieder sobre textos de Heine de Brahms y los tres difíciles y agudísimos Sonetos del Petrarca de Liszt. Más Schubert en el oscuro timbre del bajo Luca Pisaroni, a quien tantas veces hemos visto incorporando a los mozartianos Fígaro y Leporello. Brinda lieder sobre textos de Mayrhofer, Heine (entre ellos el tremendo Der Doppelgänger) y Goethe (con la maravillosa balada Erlkönig al frente). Heine asimismo en la base literaria de las siete piezas de Mendelssohn.

Al gran autor de la Sinfonía inacabada se abonan asimismo otros dos cantantes, que hacen su presentación en el ciclo. La primera es la recia británica Sarah Connolly, voz singular, prieta y generosa, que nos ofrece las tres Canciones de Elena y que combina con los graves y naturalistas Rückert Lieder de Mahler y seis sueltos de Brahms, entre ellos Ständchen, Die Mainacht y Feldeinsamkeit. El concierto se cierra con una selección de obras de Ivor Gurney, poeta y músico inglés de rancia herencia victoriana. Muy interesante, sin duda, el acercamiento de un contratenor de las calidades de Carlos Mena a los pentagramas schubertianos. En su voz de mezzo, de tan sensibles matices, se escucharán páginas magistrales de la talla de los tres Cantos del arpistaAm den Mond, Wandrers Nachtlied y el refinado Geheimes. Su programa enlaza con el de Connolly al incluir cuatro piezas del cuaderno This Way to the Tomb y cinco populares de Britten. Mena le da la alternativa a este mundo al cinematográfico Alberto Iglesias, del que brinda tres páginas del ciclo Les Chansons Légères. Con él, desde el piano, su mujer, Susana García de Salazar.

Otro gran nombre: Schumann. Lo encontramos en el primer concierto de la serie, a cargo de la muy aplaudida en Madrid Angelika Kirchschlager, a la que acompaña Julius Drake. Erstes Grün, Die Soldatenbraut, Er ist’s, Freisinn, Der Einslieder y Volksliedchen son los títulos de las canciones, pertenecientes a opus distintos. Como contraste y complemento, cinco de Brahms, seis Gedichte von Gottfried von Keller de Wolf y otras seis variadas, todas ellas famosas, de Hahn: L’heure exquise, A Chloris entre ellas. Christian Gerhaher, barítono lírico de refinada expresividad y canto muy natural, regresa otra vez junto al pianista Gerold Huber y centra su concierto en el autor de la Sinfonía Renana, con el anuncio de un plato fuerte como es Liederkreis op. 24 sobre poemas de Heine. Lieder de la op. 27, op. 49, op. 83, op. 127 y op. 90 completan la sesión.

Goerne, un habitual, barítono caluroso donde los haya, se arrima también al compositor de Zwickau con cuatro lieder, Requiem y Abenlied al frente, y a Wolf, del que cantará una buena selección. Aunque, por lo novedoso, lo más interesante de su programa es la parte dedicada a Hanns Eisler, con piezas de su Cuaderno hollywoodiense. Las elegidas ilustran textos de Brecht, Alexander Schmalcz, con quien Goerne trabaja últimamente, estará a su lado desde el piano.

Arturo Reverter