Ministerio de Cultura - Gobierno de España

LA RAÍZ DE TODO

Nueve pianistas españoles van a ser los protagonistas de esta serie de conciertos alicantinos, en la que van a dar cuenta de la integral de las Sonatas de Beethoven y de los Estudios de Ligeti, junto a una serie de estudios para piano encargados por el CNDM a compositores españoles. 

Se ha insistido mucho en que uno de los aspectos de la modernidad del piano de Beethoven es la importancia dada al factor tímbrico y a sus derivaciones conectadas con el matiz, el color, el claroscuro. Incluso en sus obras para teclado calificadas de más sinfónicas prevalece este rasgo, que contribuye a diferenciar su estilo del de otros músicos. Boucourechliev, siempre certero, escribía al respecto: “El clima dramático de la obra está elaborado hasta en el aspecto físico de los sonidos; el timbre deviene una verdadera fuerza musical, una línea de fuerza tan relevante como las otras”. Son rasgos que ya se daban, aún larvadamente, en las primerizas obras, que por ello representan una decisiva meta estilística de la escritura para piano y son reflejo de una auténtica implicación personal del autor. Como apuntan Poggi y Vallora, la dilatación de la forma, así como la búsqueda de nuevas relaciones tonales, la adopción de encendidos contrastes dinámicos y rítmicos, el tumulto de ideas y un lenguaje inhabitualmente atrevido son otros tantos signos de esta conquista. No es raro que Carli Ballola afirmase que por primera vez la sonata para piano se convertía en un “género importante”.

El esquema sonatístico se amplía, se extiende el periodo de desarrollo, se potencian las áreas de gravitación tonal, los contrastes rítmicos y se busca una nueva expresión. Por primera vez también, en el curso de ese camino rompedor y original, aparece en una sonata para teclado el Menuetto, un anticipo del futuro Scherzo, que Beethoven llevaría a su máximo esplendor. Son rasgos, expuestos así, de forma muy genérica, que al menos nos sitúan a la hora de enfrentarnos a la integral de Sonatas del compositor que, en esta ocasión, como interesante complemento, van a ir acompañadas de los 18 Estudios para piano de Ligeti, distribuidos proporcionalmente, y por Estudios de nueva creación firmados por algunos de los mejores compositores españoles de hoy. Posibilidad que se nos da así de contrastar y comprobar herencias, parentescos y consecuencias.

Buena idea desde luego la incorporación de pentagramas de un músico tan lúcido y agudo como lo fuera el húngaro, desaparecido hace pocos años. Creador original, fue siempre por libre, ajeno a las corrientes, a los istmos que surcaban y poblaban el panorama europeo de su tiempo. Como cualquier músico magyar bebió en su juventud de las más puras fuentes bartokianas y penetró desde muy pronto en las construcciones contrapuntísticas de Ockeghem y Bach, en busca de una exactitud, de una precisión y de una claridad de líneas que siempre fueron en él fundamentales y definitorias. Forjó maravillosas y coloreadas superfi cies sonoras de un vigor, una potencia y una enjundia extraordinarias, logrando partituras de un misterio, de una vitalidad y de unas texturas fuera de serie. Sus Estudios para piano son de una inventiva sensacional. En su música siempre hay rasgos de la vida que nos rodea y nos empuja, detalles que nos tocan directamente las fibras emocionales. Se sentía, como dice su antiguo discípulo Sid McLauchlan, estimulado por el mundo circundante y en cada una de sus creaciones hay un factor que abre la puerta de lo desconocido y que las distingue de las de cualquier otro compositor.

Si programar los Estudios de Ligeti es buena idea, no lo es menos la de incorporar en paralelo, dentro de cada concierto, los encargados por el CNDM a un grupo de creadores actuales pertenecientes a distintas generaciones y estéticas: Francisco Lara, José Luis Greco, Armando Alfonso (el más veterano), Ramón Paus, Ricardo Llorca, Carles Guinovart, Jesús Rueda, Gustavo Díaz-Jerez y José Menor; los dos últimos también intérpretes de sus obras.

Arturo Reverter