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La figura de Ludwig van Beethoven (1770-1827) constituye una revolución en la historia de la música, y también en el modo de entender y acercarse a la música para piano. Éste se convirtió en su instrumento favorito, como lo prueba el hecho de que estaría implicado en más de ochenta de las ciento treinta y cinco obras que componen su catálogo oficial. El Beethoven pianista era como su temperamento: fulgurante, ágil, de tempestuosos contrastes, amigo de llevar al instrumento al límite de sus posibilidades. Abandonó sin embargo relativamente pronto la faceta de ejecutante para centrarse en la compositiva, pero sin renunciar en ella a un ápice de su esencia: música reveladora de un temperamento fuerte, decididamente visionaria, que abrirá las puertas de forma definitiva al piano del romanticismo y mantendrá intrigados, incluso un siglo después, a profesores e intérpretes. En la personalidad del Beethoven siempre libre y sin ataduras se daban la mano el pianista y el compositor. El propósito de cara al oyente era finalmente el mismo: impactar y sorprender, proporcionar una sacudida emocional de primer orden. Autores tan autorizados como Luca Chiantore han señalado, con extremo acierto, que Joseph Haydn y Muzio Clementi fueron quizá las mayores influencias sobre las composiciones pianísticas de Beethoven. En efecto, Beethoven implica un paso de gigante en la evolución de la música pianística y del propio instrumento: “tomó” el piano de Haydn, y lo llevó hasta cimas tan visionarias y avanzadas que incluso algunos profesores ilustres como Leschetizky (1830-1915) —maestro de pianistas que luego marcarían hitos en este ciclo, como Artur Schnabel— aún desaconsejaban a sus alumnos, a principios del siglo XX, casi un siglo después de ser escritas, tocar las últimas Sonatas por considerarlas desconcertantes.
Beethoven llevó la sonata pianística más allá que ninguno de sus predecesores, y de hecho, más allá que casi todos sus sucesores. Algunos autores han considerado incluso que la extrema variedad y libertad conceptual de sus Sonatas dejaron el potencial evolutivo del género prácticamente agotado. Tras él, solo Schubert se atrevió a construir un ciclo cuantitativamente significado. Y aunque el recital pianístico para el gran público es en realidad una iniciativa posterior, las Sonatas de Beethoven acabarían por contarse entre las primeras obras pianísticas consideradas apropiadas para su interpretación en grandes salas de concierto. La popularidad del ciclo es tal que la cantidad de grabaciones del ciclo completo disponibles en este momento sobrepasa ampliamente la treintena (no incluyo las descatalogadas), y ello sin incluir las recientes apariciones en soporte visual, como los ciclos de Barenboim de los años 80 o 2005. Algunos pianistas (el mencionado Barenboim, pero también Claudio Arrau, Alfred Brendel, Wilhelm Kempff o Friedrich Gulda) han llevado el ciclo íntegro al disco en más de una ocasión. La cantidad de grabaciones existentes de determinadas Sonatas (Patética, Claro de Luna, Appassionata, Waldstein…) puede fácilmente sobrepasar el centenar para cada una de ellas. Se trata, en fin, de un testamento musical de primera magnitud, de un hito en la historia de la música en general y de la de piano en particular, que, más de doscientos años tras el nacimiento de su creador, sigue sonando tan fresco, libre y lleno de fantasía como él sin duda deseó.

El maratón pianístico en gira
El éxito de público de ¡Solo Música! en 2013 fue sin duda extraordinario, con más de 26.200 personas en total para el maratón beethoveniano, de los que más de 4.000 escucharon el ciclo de Sonatas. En un momento de crisis tan acusada en cuanto al panorama cultural, cuando acucia con urgencia la necesidad de atraer público nuevo y más joven, dicho éxito, reflejado no solo en la masiva asistencia citada, sino sobre todo en los porcentajes significativos de espectadores jóvenes que acudían por primera vez, es el mejor índice posible en términos de difusión cultural, y naturalmente un más que poderoso argumento para que este maratón beethoveniano extienda su presencia en la temporada 2014/15 a otra provincias españolas y con los mismos protagonistas. Ello permitirá a más espectadores disfrutar de este ciclo de significación extraordinaria en la historia de la música, y también expandir y potenciar aún más la carrera de los jóvenes talentos españoles de la interpretación pianística.


Rafael Ortega Basagoiti


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